Voces de la comunidad

Sor Juana Inés de la Cruz: Enigmas de La Casa del Placer (o una manera de ser libre y mujer)

Sor juana

Reverente a Vuestras plantas
solicita, en su disfraz,
no daros que discurrir
sino solo que explicar.

Dedicatoria, Sor Juana Inés de la Cruz

Trata de una, dos, tres, hasta de ocho monjas portuguesas, que afortunadamente de amor no murieron y que en cambio y muy harto al contrario fue el mismo Amor y sus maneras el protagonista y proveedor nutricio a su ingenio, inteligencia y poesía. De ocho religiosas se trata también, los Enigmas en La Casa del Placer, que siendo un corro ilustre y achispado por las múltiples luces del talento de mujeres probas y enteramente libres que legitimaron aún más y sólidamente la Soberana Asamblea en esta ocasión reunida en torno a las 20 redondillas de Sor Juana Inés de la Cruz, que a encomienda de su gran amiga, protectora y mecenas de sus letras, la Condesa de Paredes, vino a regalarles en este opúsculo de oro que entonces fue Enigmas y hoy Enigmas de La Casa del Placer.1Sor Juana Inés de la Cruz, Enigmas de la Casa del Placer, Edición de María-Milagros Rivera Garretas, Sabina editorial, Madrid, Otoño, 2018.

El asombro feliz del origen de los Enigmas, lejos de aquel que siendo de monja y portuguesa y también nativa del siglo XVII Mariana Alcofarado y la dudosa o incierta autoría de las cinco cartas de amor dolido que se le han atribuido, en los Enigmas de la Casa del Placer proviene del misterio ahora revelado de la existencia de esta Soberana Asamblea cuyo apellido de La Casa del Placer vino a romper paradigmas, creencias y visiones atávicas y poco respetables respecto a la clerecía y la supuesta ignorancia de las mujeres monásticas y que al irse aclarando va dejando en el ánimo la admiración, la perplejidad y la gratitud por el afanoso y bien labrado trabajo de las agudezas y sensibilidades de estas ocho poetas religiosas, quienes antes, habiendo abrevado de la Inundación Castálida (Madrid, 1689) de la jerónima mexicana, la de Asbaje y abierta ya la sed almática e intelectual a los sorjuanianos versos, requirieron con denuedo y con apremio aún más de esa agua de la Castálida para su solaz, esparcimiento y reflexión. Fue así que la Marquesa de la Laguna o Condesa de Paredes, solicita a su muy querida Juana Inés un escrito con dedicatoria a estas monjas portuguesas provenientes de distintos conventos de Lisboa.

Cuatro siglos después, esta obra de Sor Juana Inés de la Cruz vuelve a cruzar el Atlántico, de allá para acá, de Madrid a México, en el anhelado vehículo de un libro “rojo” de Sabina editorial que en sus contenidos nos ofrece la amable, exhaustiva y oportuna investigación intitulada Los Veinte modos de Amor de sor Juana Inés de la Cruz por su editora María-Milagros Rivera Garretas, tendida con generosidad sobre un prefacio tan ameno como ilustrador.

“Cuando Sor Juana Inés de la Cruz acababa de cumplir 29 años le ocurrió algo que cambiaría su escritura y su vida. Fue la llegada a la Ciudad de México de María Luisa Manrique de Lara y Gonzaga (1649-1729), condesa de Paredes de Nava, dos años mayor que ella”.2Ibid, p. 3.

Así inicia esta belleza literaria que además de llevarnos por la historia del mismo opúsculo, contiene intactas cada una de sus partes, de la misma manera en que fue editado en Lisboa en edición privada, en 1695 por la Condesa de Paredes y su muy amiga y prima la Duquesa de Aveiro María de Guadalupe de Lancastre, mujer tan noble como erudita a quien el embeleso por las letras de Juana Inés también rindió.

La inteligencia en su entraña lleva como semilla de perfección la bondad, sin embrago y  también es a esta gracia la atribución del sentido del humor, de la alegría, del disfrute, en este caso, en el juego de las formas, el pensamiento, la sensitiva que puestos en palabras hacen sentido y suben y bajan para decirnos algo como si de un juego de escondidas se tratara, maneras lúcidas y lúdicas del amor compartidas entre mujeres dentro de un orden simbólico diferente y por eso y probablemente poco inteligible –enigmas o acertijos aparte–, a la cultura dominante.

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Además del Romance de la Condesa de Paredes a Sor Juana, tenemos esas ocho plumas conventuales que en la mayoría de los casos, en versos acicalados, ya son respuesta, ya censo, ya afanosa correspondencia al literario obsequio de Sor Juana Inés de la Cruz. Ellas son: Mariana de Santo António (religiosa del monasterio de Santa Clara), Francisca Xavier (religiosa del convento de la Rosa), doña Simona de Castillo (religiosa del monasterio de Santa Ana), Feliciana de Milão (religiosa del convento de Odivelas),  Maria das Saudades (religiosa del convento de Vialonga), Maria Magdalena (religiosa del monasterio del Calvário), Maria do Céu (religiosa del monasterio de La Esperanca), Maria Anna Guedes (religiosa del monasterio de Santa Mónica).

Para tales interlocutoras y llena de agradecimiento al interés por sus letras y al matrocinio para la edición y la edición misma de sus letras, en vivísima reciprocidad Sor Juana Inés de la Cruz escribe estos veinte Enigmas, precedidos por una Dedicatoria a la Condesa de Paredes y un Prólogo al lector y cobijados, al final del libro, por un Índice de los sacrificios que ofrece la Poetisa a los sagrados oráculos que ilustraren las ceguedades de los Enigmas; siendo, según la investigadora, los enigmas, los sacrificios, y los oráculos, el esclarecimiento que hace cada monja poeta de cada cuarteto.

En cuanto al tema central de este joyel, la historiadora y también una de las fundadoras de La revista Duoda y del Centro de Investigación de las Mujeres de la Universidad de Barcelona, María-Milagros Rivera Garretas nos dice:

¿Para qué servían los Enigmas? Como mucha de la mística femenina unitiva o teológica en lengua materna, servían y sirven para reconocer, descifrar e intensificar el sentir amoroso de las enamoradas, sentir de las entrañas y del alma.

Cada una de las redondillas de Sor Juana Inés de la Cruz es un modo de amor, como los llamó Beatriz de Nazaret (1200-1268/9) en sus “Siete modos de Amor”. El conocer los modos de Amor servía y sirve a una mujer para obtener un amarse que no es tanto autoestima como salida de sí hasta alcanzar algo otro, otro que en el caso de los Enigmas de La Casa del Placer es otro que es mujer: una aventura ontológica fascinante.3Ibid, p. 11-12.

Y que fascinante lo es, sin duda, en tanto la entraña misma de los Enigmas de Juana de Asbaje como por la experiencia poética amatoria que detona la creatividad de esa irreverente y oportuna Soberana Asamblea de La Casa del Placer que pone en evidencia una tradición oculta y asordinada por la historia, antecedida con toda certeza y desde antes del siglo v, por las abadesas siendo ellas mismas la máxima autoridad de los monasterios que hacían las veces de prodigiosos centros culturales, antes de cualquier tratado eclesiástico o de aristotélicas filosofías en detrimento de las mujeres, reconociendo en este linaje a la mística teutona Hildegarda de Bingen (de quien ya he hablado en esta columna de poesía) en el siglo XII, a Las Preciosas en Francia del siglo XVII, por mencionar sólo algunas de las referencias que la editora nos da y que hacen de esta historia, una historia viva e imparcial con un sentido real.

“Los Veinte modos de Amor de sor Juana Inés de la Cruz”. No es fortuito que María-Milagros Rivera Garretas haya nombrado con este título el exordio que da claridad y certeza a las diferentes maneras en las que la sensibilidad amatoria responde a la gran pasión del Amor en el vehículo de la poesía.

De suma importancia histórica, poética e incluso filosófica son los Enigmas de La Casa del Placer, por todo su enrome valor como libro, por ser una –y muy importante– de las piezas en el tapiz irrefutable de una estirpe de mujeres espirituales y libres que viviendo vivas en intelectuales labores tuvieron la fortuna de recibir la dádiva del último trabajo poético que escribiría nuestra Sor Juana Inés de la Cruz. ❧

 

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Alejandra Atala
Alejandra Atala
Escritora mexicana y coordinadora del Programa de Cátedras de la UAEM.
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